Escribimos esto reconociendo que no sabemos quién lo leerá ni qué lugar ocupará. Sabemos que este formato tiene límites y que quizá no sea el espacio donde suceden las conversaciones que valoramos, pero aun así queremos dejar un registro de la actualización sobre el proceso de violencias de género que hemos llevado a cabo a partir de los señalamientos públicos a integrantes del colectivo y al propio espacio. Decidimos hacerlo en esta página casi vacía donde se condensa más de una década de recorrido, transformaciones y tácticas que nos han permitido seguir explorando nuestras formas de hacer.
En el fondo intuimos que este mensaje no se dirige a un público definido. Nuestrxs interlocutores sobre este asunto han cambiado muchas veces: en un auditorio del MUAC en 2017, en publicaciones de 2018, en correos desde 2017, en textos impresos en 2021. Y aun así, otras maneras de encontrarnos han seguido apareciendo.
No confiamos demasiado en lo “público” de lo digital, pero sí en la conversación directa, en esa forma de diálogo que a veces se olvida y que seguimos intentando recuperar. Esta elección nos ha implicado como colectivo; no siempre fue la mejor decisión posible, pero sí la que pudimos sostener.
Cada proceso ha tenido sus desvíos. Llegar tarde, llegar a destiempo, también ha sido una forma de movernos —no como falta, sino como ritmo propio—. Y ese ritmo ha ido mostrando preguntas que ahora nos importan más: ¿cuáles son los límites de lo colectivo?, ¿cómo se transforman cuando cambian las relaciones, los afectos, las distancias y los acercamientos?
Las conversaciones, los desacuerdos, los silencios, las enemistades, las suturas y las proximidades han marcado nuestro camino más que cualquier comunicado o exigencia de transparencia. Ese entramado, concreto y cotidiano, es lo que ha sostenido este espacio común, incluso cuando ha sido difícil atravesar tensiones, diferencias y lecturas distintas de lo ocurrido. No buscamos negar los efectos de estas experiencias; siguen presentes en el cuerpo y en la memoria.
Cráter Invertido se ha conformado desde afectos y presencias diversas. Personas han llegado y se han ido desde 2011, y ese movimiento constante también ha transformado la manera en que nos acompañamos. No siempre pudimos sostener amistades, cuidados o despedidas. A veces se actuó a destiempo; a veces de maneras que hoy entendemos de otra forma. No nos mueve la lógica de expulsión, pero tampoco la negamos. Preferimos asumir que no hay un horizonte único para ordenar estas vivencias.
No buscamos justificar nada con este comunicado ni enmarcarlo como reparación. Es verdad que no en todos los casos ha habido condiciones para realizar acciones restaurativas, sin embargo, nuestra brújula ha sido lo transformativo frente a las violencias estructurales que nos atraviesan a todxs. Lo que ofrecemos es una disposición: seguir construyendo colectividades nutritivas y vitales frente a la fragmentación y los contextos precarizados que habitamos. Cráter sigue abierto, con sus cicatrices visibles, y todavía seguimos creyendo en la posibilidad del encuentro directo.
Deseamos que, cuando miren su propio recorrido, no encuentren nuestra sombra como reproche. Ojalá podamos seguir construyendo caminos más dignos para todxs. Ya es tarde y ahora es cuando.
